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Exceso de riego vs falta de agua: cómo diferenciarlos sin poner en riesgo tu planta

Una planta con hojas amarillas, caídas o sin fuerza suele provocar la misma reacción: coger la regadera. Es un gesto casi automático, pero también uno de los errores más comunes.

Lo curioso es que tanto el exceso de riego como la falta de agua pueden producir síntomas muy parecidos. En ambos casos la planta parece marchita, deja de crecer y pierde color. Sin embargo, la solución es completamente distinta.

Aprender a distinguir ambos problemas es una de las habilidades más importantes para mantener cualquier planta sana. Muchas veces el verdadero problema no está en la cantidad de agua, sino en saber cuándo y cómo regar.

¿Por qué los síntomas son tan parecidos?

Aunque parezca contradictorio, una planta con exceso de agua también puede mostrar síntomas de deshidratación.

Cuando las raíces permanecen demasiado tiempo en un sustrato encharcado, dejan de recibir oxígeno. Sin aire, no pueden absorber correctamente el agua ni los nutrientes, aunque estén rodeadas de humedad.

El resultado es parecido al de una planta que lleva días sin beber: las hojas pierden firmeza y la planta parece apagada.

Por eso nunca conviene regar únicamente porque una planta tenga mal aspecto.

Cómo identificar un exceso de riego

El exceso de agua suele desarrollarse poco a poco. Al principio puede parecer que la planta simplemente ha perdido algo de vigor, pero con el tiempo aparecen señales bastante características.

Hojas amarillas y blandas

Las hojas suelen amarillear de forma progresiva y presentan una textura blanda o incluso algo translúcida.

No suelen secarse rápidamente, sino que terminan cayendo mientras todavía conservan humedad.

Sustrato constantemente húmedo

Si al introducir un dedo unos centímetros en la tierra esta sigue mojada varios días después del último riego, probablemente la planta esté recibiendo más agua de la necesaria.

Mal olor en la maceta

Un olor desagradable procedente del sustrato suele indicar falta de oxígeno y el inicio de procesos de descomposición en las raíces.

Crecimiento muy lento

Las raíces dañadas dejan de funcionar correctamente y la planta reduce su crecimiento para intentar sobrevivir.

Cómo reconocer una falta de agua

Cuando el problema es el contrario, las señales también son bastante claras si se observan con atención.

Hojas secas y quebradizas

En lugar de estar blandas, las hojas pierden humedad y se vuelven rígidas. Los bordes suelen secarse antes que el resto.

El sustrato se separa de la maceta

Cuando una planta lleva mucho tiempo sin regarse, la tierra puede contraerse y despegarse de las paredes del recipiente.

Es una señal de que el sustrato ha perdido gran parte de su humedad.

La planta recupera el aspecto pocas horas después del riego

Una planta que simplemente tenía sed suele reaccionar rápidamente tras recibir agua.

En pocas horas las hojas recuperan parte de su firmeza y el aspecto general mejora notablemente.

Las diferencias más fáciles de observar

Exceso de riego Falta de agua
Hojas blandas y amarillas. Hojas secas o quebradizas.
Sustrato húmedo durante varios días. Sustrato completamente seco.
Puede aparecer mal olor en la tierra. No suele haber olor.
Las hojas caen aún húmedas. Las hojas se secan antes de caer.
La planta empeora al seguir regando. La planta mejora poco después de recibir agua.

¿Qué hacer si has regado demasiado?

Lo primero es dejar de añadir agua.

Comprueba el estado del sustrato y permite que pierda parte de la humedad antes del siguiente riego.

Si el drenaje es deficiente o las raíces presentan signos de pudrición, puede ser necesario trasplantar la planta utilizando un sustrato nuevo y más aireado.

En adelante, riega solo cuando el sustrato realmente lo necesite y no siguiendo un calendario fijo.

¿Y si el problema es la falta de agua?

En ese caso conviene realizar un riego abundante para que todo el sustrato vuelva a hidratarse.

Si la tierra está extremadamente seca y repele el agua, puede ser útil sumergir la maceta durante unos minutos para que el sustrato recupere su capacidad de absorción.

Después bastará con ajustar la frecuencia de riego según la época del año, el tamaño de la planta y las condiciones ambientales.

El mejor truco consiste en mirar el sustrato, no el calendario

Muchas personas riegan todos los martes o todos los fines de semana porque así resulta más cómodo. Sin embargo, las plantas no consumen siempre la misma cantidad de agua.

La temperatura, la luz, la humedad ambiental, el tipo de maceta o la época del año hacen que las necesidades cambien constantemente.

Por eso, antes de sacar la regadera, merece la pena dedicar unos segundos a comprobar el estado del sustrato. Ese pequeño gesto evita la mayoría de los problemas relacionados con el riego.

La mejor decisión no siempre es regar

Cuando una planta empieza a mostrar síntomas de estrés, el agua suele ser la primera solución que se nos ocurre. Sin embargo, en muchas ocasiones es precisamente el exceso de agua lo que ha provocado el problema.

Aprender a diferenciar entre una planta que tiene sed y otra que se está ahogando permite actuar con mucha más precisión. Y esa diferencia, aunque parezca pequeña, puede ser la que marque la recuperación de la planta o el inicio de un problema mucho más serio.

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